En este proyecto, hemos dado un giro a la distribución tradicional para maximizar la habitabilidad en un contexto compacto. La estrategia de “programación invertida” sitúa las habitaciones en el primer nivel (un zócalo privado y silencioso), mientras que el corazón de la casa se eleva al segundo piso. Aquí, una doble altura estratégica expande el volumen visual, bañando las áreas sociales de luz cenital y creando una sensación de amplitud y libertad.
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Arquitectura de niveles y flexibilidad: La vivienda se sustenta en pórticos de concreto que permiten plantas libres y fluidas. Entre los niveles, hemos integrado un mezzanine posterior diseñado como biblioteca y ludoteca, un espacio intermedio que permite que el estudio y el juego coexistan sin fragmentar la armonía visual del hogar.
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Honestidad matérica y sello bogotano:
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Piel de Ladrillo: El exterior está revestido en ladrillo arquitectónico, integrando la casa rítmicamente en el paisaje de Bogotá. Al interior, este material queda expuesto, aportando una textura cálida y honesta que unifica los cuatro niveles.
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Umbral de Piedra: El acceso se resuelve con muros de piedra y grava fina, creando una transición sensorial y segura desde la calle hacia el interior.
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La conquista de la quinta fachada: El recorrido vertical, guiado por una escalera lateral de diseño eficiente, culmina en una terraza-lounge privada. Este último nivel funciona como un mirador urbano y la terraza BBQ es un espacio único que se transforma en un habitad multipropósito, transformandolo en un oasis de relajación que compensa la huella construida y ofrece una conexión privilegiada con el entorno.
