Este proyecto se concibe como un vacío sereno dedicado a la reflexión y la espiritualidad. La capilla no es solo un edificio; es una experiencia sensorial diseñada para la comunidad educativa, donde la arquitectura facilita el silencio necesario para la oración y el descanso mental. Mediante una permeabilidad mística, el diseño integra el entorno verde del colegio, convirtiendo el paisaje en un elemento que refuerza la sensación de armonía y trascendencia.
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La luz como material constructivo: El diseño interior se rige por la pureza del blanco absoluto, maximizando la luminosidad y eliminando cualquier distracción visual. La luz natural se gestiona mediante un doble sistema: un gran ventanal de bienvenida en el atrio y una apertura posterior que encuadra la imagen de Cristo sobre un fondo de naturaleza viva, utilizando el exterior como un retablo natural en constante cambio.
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Tectónica y calidez acústica:
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Cielo Raso Trapezoidal: Para romper la linealidad y mejorar la acústica, se diseñó una cubierta geométrica que aporta carácter al recinto.
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Madera Natural: El uso de madera en el plano superior “abriga” el espacio, compensando la neutralidad de los muros y aportando una textura orgánica que invita a la introspección.
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Nodo de bienestar y comunidad: La capilla trasciende su función litúrgica para convertirse en un agente de salud mental. Su atmósfera sedante y la integración biofílica ofrecen un refugio contra el estrés académico, proporcionando un entorno de baja estimulación ideal para la meditación. Conectada mediante senderos estratégicos, se consolida como el corazón social y espiritual del colegio, donde la arquitectura facilita el diálogo, el silencio compartido y la cohesión comunitaria.
