Este proyecto trasciende las aulas tradicionales para convertirse en un centro de vida comunitaria. El edificio se presenta como un volumen estable y protector que, una vez se cruza su umbral, se transforma en un espacio fluido pensado para estimular la curiosidad. Es una arquitectura que “enseña” a través de su propia estructura, integrándose con orgullo en la tradición constructiva de Bogotá.
-
Movilidad total y sin barreras: El corazón del colegio es un sistema de rampas elípticas de gran formato. Esta columna vertebral conecta los tres niveles del edificio de forma suave, eliminando cualquier barrera arquitectónica y permitiendo que estudiantes y docentes se desplacen con total autonomía, transformando cada pasillo en una oportunidad de encuentro y aprendizaje.
-
Materialidad honesta y bogotana:
-
El Ladrillo como Protagonista: Fachadas de ladrillo de gran formato rinden tributo a la identidad local, utilizando quiebrasoles que regulan la luz y el calor de forma natural, garantizando una estética atemporal que envejece con dignidad.
-
Ingeniería a la vista: Al dejar las instalaciones técnicas expuestas, el edificio se vuelve pedagógico y honesto, facilitando el mantenimiento y reforzando la idea de una infraestructura pública transparente y eficiente.
-
-
Un puente con el vecindario: Más que un colegio, este proyecto es un nodo comunitario. Su diseño permite una permeabilidad controlada para que los vecinos accedan a ciertas instalaciones, fortaleciendo el tejido social y convirtiendo el centro educativo en un refugio de bienestar y un punto de orgullo para todo el barrio.
